lunes, 16 de enero de 2017

Falcó - Arturo Pérez-Reverte

Me pregunto qué me trae a comentar y recomendar el último libro de un autor tan conocido y tan consagrado. No lo haría de no estar absolutamente convencido de la inutilidad de este blog y si no fuera porque me ha tocado un enigmático resorte, uno que me ha hecho aflorar en la conciencia libros olvidados de aventuras o historias gráficas que leí hace muchísimo tiempo (¿Hazañas bélicas? ¿Roberto Alcázar y Pedrín?).

La historia la escriben los vencedores. Menos en el caso de la Guerra Civil Española, escrita con inaudito triunfalismo por los cruzados victoriosos hasta 1975 y por los vencidos a partir de entonces, en un giro copernicano culminante en la famosa ley de Memoria Histórica que, si no lo he entendido mal, pretende suprimir de la memoria a los antiguos supresores, enalteciendo a los otrora suprimidos, para que las cosas le queden finalmente claras a todo el mundo y no sólo a determinadas mayorías sociales.


Sé que lo hago un poco confuso, pero desde hace algunos años, se substancia de una manera muy simple: nadie de los que combatieron o participaron del lado franquista, lo apoyaron, justificaron  o reconocieron de cualquier modo (por ejemplo, Estados Unidos), merece formar parte de la especie humana. Como mucho, de la de algún tipo de invertebrado particularmente repugnante. Y no deja de resultarme curioso, habiendo nacido a comienzos de los cincuenta y teniendo una memoria más experiencial que histórica, lo que escaseaba la gente contraria a la dictadura, por lo menos hasta 1972... Aunque no está en mi ánimo ahora hablar de una nación entera de colaboracionistas, o en todo caso, adeptos forzosos, ¿no?


Portada de la novela

Bueno, pues este muy prolífico autor, académico, novelista y reportero, D. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) que, a veces, confundo con una especie de Galdós de una época, la nuestra, tan escasa en próceres, ha optado una vez más por tocarle los huevos a todo aquél dispuesto a ofenderse con facilidad y, vestido con el traje de faenar polémicas, se ha marcado una novela de intriga y espionaje en la que “el bueno”, “el chico”, es un agente de aquellos nauseabundos fascistas. Y encima, en formato best-seller: un artefacto de sobresaliente eficiencia narrativa que, imagino, habrá funcionado muy bien en las librerías.


Además el personaje, Lorenzo Falcó, tiene un toque peculiar con el que puede empatizar un gran número de lectores de este suelo patrio, si tal grupo existiere. Aunque no es particularmente original, pues estos antihéroes desencantados, hedonistas y cínicos, con un pasado turbulento y una ética propia muy rigurosa, proliferan en abundancia en la novela negra o en el comic adulto, este baranda no deja de ser un hallazgo muy eficaz. Muy probablemente habrá secuelas (y ojala el nivel de entretenimiento y emoción nos brinde tan buenos ratos como en el caso presente).


La acción tiene lugar en la Salamanca franquista y en Cartagena y Alicante en la zona republicana, a finales de verano o principios de otoño de 1936. La guerra ha estallado hace pocos meses y la visión que presenta la novela de ambas retaguardias, la “roja” y la “nacional”, no puede ser más desalentadora y poco edificante. El encargo que recibe Falcó, como agente del servicio de inteligencia franquista, es el de coordinar fuerzas, tanto propias como quintacolumnistas, para liberar a José Antonio Primo de Rivera, jefe de la Falange y preso en la prisión de Alicante. Esto le ocasionará grandes dolores de cabeza y un elevado consumo de cafiaspirinas. En una línea argumental próxima a la de “El espía que surgió del frío” de Le Carré, la misión no es lo que parece, los amigos y enemigos no son quienes aparentan y, para acabar de complicarlo todo, grandes dosis de amor, violencia, traición y venganza. Un thriller en toda regla.


El objetivo: la prisión de Alicante

Quizá he leído demasiadas novelas de éste género, pero llegado a poco más de la mitad, ya fui capaz de olerme la tostada por completo. Tampoco hace falta ser muy perspicaz y ayuda bastante el hecho de que, como cualquier lector sabrá, José Antonio no fue liberado de la prisión de Alicante por la acción de ningún comando de sus correligionarios. ¿Importa que veas venir lo que va a pasar? Para nada. El texto, muy fluido y austero, es una absoluta lección magistral de eficiencia narrativa. Hasta los tópicos, que los hay en abundancia, dosificados con una sabiduría desarmante, se ponen al servicio de la eficacia implacable con la que el texto se construye para ser devorado con avidez hasta su consumación.


Como literatura de entretenimiento, raya en lo impecable: el ritmo es muy mantenido, los personajes característicos se arman llenos de guiños a lo que ya conocemos de la trágica historia y la visión, más que políticamente incorrecta, despiadada de las causas enfrentadas en la contienda, provoca un regocijo adicional en el lector malvado que llevamos dentro. El único inconveniente que le he encontrado es que se hace un poco corta, como una película a la que le faltara metraje: algunas cosas se apuntan y quedan en el aire... Por ejemplo: ¿se ligará Falcó alguna vez a la muy deseable Chesca Prieto?


Arturo Pérez-Reverte. El autor ante el espejo

Abusaré de tu paciencia transcribiendo un pasaje descriptivo, en el que el autor sabe sacar un inusitado brillo de escenarios muy trillados:


“Una orquesta militar tocaba Suspiros de España cuando Lorenzo Falcó se adentró en el salón. El patio cubierto del Casino, situado en un palacio del siglo XVI, estaba iluminado con un esplendor que desmentía la austera economía de guerra predicada por los mandos nacionales. Como esperaba, vio muchos uniformes, correajes, botas lustradas y relucientes fundas de pistola coquetamente llevadas al cinto por sus propietarios. Los militares, observó, eran en su mayor parte de graduaciones superiores, de capitán para arriba, y casi todos lucían insignias de Estado Mayor o Intendencia, aunque no faltaban algún brazo en cabestrillo y condecoraciones recientes, ganadas en el campo de batalla durante aquellos días en que los periódicos venían llenos de noticias bélicas y los combates en torno a Madrid se desarrollaban con extrema dureza. Sin embargo, pese a esos recordatorios, a los uniformes y al toque marcial de la concurrencia, todo parecía demasiado lejos del frente. Las señoras, aún con el recato que se había puesto de moda en el bando nacional —la mujer como ser delicado, sostén del combatiente, novia, esposa y madre—, iban bien vestidas, con elegancia propia de las revistas de moda más actuales, y alguna de ellas se las ingeniaba para combinar de modo eficaz las nuevas orientaciones morales con el atractivo de su sexo. En cuanto a los hombres, aparte de los uniformes se veían algunos smokings más o menos correctos y muchos trajes oscuros, varios de ellos con la camisa azul de Falange y corbata negra. Había rumor de conversaciones, camareros militares de chaquetilla blanca circulando con bandejas llenas de bebidas, y una tabla de bar al fondo, en el lado opuesto a la orquesta. Nadie bailaba.”


¿A que parece que te encuentras allí?


Falcómic

martes, 10 de enero de 2017

Los Chicos Con Las Chicas - Los Bravos

Los Bravos, qué fenómeno. Entre los 15 y los 18 años yo era muy fan de este entonces famosísimo grupo musical español. Ahora los oigo y me cuesta comprender qué veía en ellos o en su música. “Ya, es que no eres precisamente joven”, me advierte mi conciencia, aunque bueno, escucho a The Kinks, coetáneos de aquéllos y comprendo perfectamente qué me atraía y me sigue atrayendo de muchísimos grupos de los sesenta. Claro que en España vivíamos todavía un suntuoso subdesarrollo y no había aquí conjuntos como para tirar cohetes. Los Bravos jugaban la baza de ser simpáticos, su música era desenfadada y vigorosa y el vocalista tenía aquello que todos los muchachos de entonces envidiábamos.


Vi la película “Los chicos con las chicas” en el cine de mi pueblo y era, por aquellos años, el epítome glorioso de nuestros deseos, anhelos y fabulaciones. La encontré ayer en un disco duro consagrado a la piratería y la he vuelto a ver, no sé si para reírme de aquél que solía ser hace casi medio siglo, o para pasar vergüenza ajena con la caspa que podía llegar a rezumar un producto de aquella época, hoy considerada hedionda.



El caso es que no me ha ocurrido ni una cosa ni otra... No diré que me he topado con la sorpresa de una buena película, porque no lo es ni de lejos, pero no ha dejado de hacerme gracia el paradigma de la dictadura franquista que se escenifica en su factura, en general algo torpe, premiosa e ingenua, aunque claro, el público al que iba dirigida babeábamos de lo lindo con aquella parafernalia “moderna”.



Mediante una imagen clara y aseada, con influencias opart y psicodélicas (hay hasta coloridas escenas de animación) planeando sobre imágenes y escenarios definitivamente rancios, se arma un vehículo de promoción de un grupo de pop orientado a nenas... Entre cancioncilla y cancioncilla, mal que bien implementadas en la trama, se desarrolla una historia que, pretendiendo y casi logrando no tener ni pies ni cabeza, levanta una alegoría de cómo iba a terminar la dictadura: desarticulada por los cambios de percepción y de sensibilidad, arrastrada por la vorágine de los nuevos tiempos.


Expresar que el guion es una sucesión de chorradas es un elogio que no le hace justicia: los cinco miembros de un conjunto famoso huyen de sus compromisos y se toman un asueto, practicando una versión especialmente cutre de la acampada campestre, en uno de nuestros amenos secarrales. Se topan con un grupo de colegialas jovencitas y las siguen. Su vocalista, Mike, se enamora al primer vistazo de una de ellas, la de aspecto más pazguato.



Al día siguiente, Mike acude al internado, donde las niñas viven en un régimen de aparatosa y trasnochada disciplina, bajo la férula de unas profesoras a cuál más arpía, pero en lugar de llamar a la policía y hacerlo detener por pederasta, como ocurriría en nuestros días, ¡lo nombran profesor de música! El caso es que los otros cuatro integrantes del grupo, buscando a su líder y poniendo en práctica ardides a cuál más insensato y ridículo, logran infiltrarse en la vetusta y honorable institución, burlando su estricta normativa con ayuda del nieto del Filántropo o fundador de esta especie de colegio/penitenciaría. A partir de aquí, no sólo Mike y su enamorada harán manitas siempre que les plazca, evidenciando que la vigilancia en el centro es fácil de burlar, sino que entre todos pondrán cabeza abajo la, de tan respetable, grotesca institución. Aquí tienes la apoteosis final, con la canción/declaración de intenciones “Los chicos con las chicas” que da fin al alocado film (que podía haber ganado el Oscar a la candidez):



Los sensacionales Tip y Coll, Lola Gaos, Manolo Gómez Bur y una plana mayor de primeros actores y actrices del cine cómico español del momento, casi logran dar vida a la endeble trama y encubrir las escasas dotes interpretativas del grupo: un muy hierático Mike y el resto de los músicos haciendo patéticos esfuerzos para parecer graciosos y desenvueltos.


Dirige este inefable artefacto Javier Aguirre, que también firmó “Una vez al año ser hippie no hace daño” y las películas de los memorables Parchís, ahí es nada.



Por aquella época fui testigo de un concierto del grupo en la Plaza de Toros de Zaragoza. Compartían cartel con Manolo Escobar, motivo por el cual, una de mis tías se avino a acompañarme. Tras el concierto de la banda, me dijo no sin razón: “para Bravos, los que hemos aguantado aquí”. En aquélla ocasión, los chicos (sin las chicas) estaban (¿o habían estado?) embarcados en una de las más sórdidas maniobras de marketing que yo he conocido en mi vida: su teclista, Manuel Fernández, se había suicidado, creo que disparándose con una escopeta y, el resto del grupo anunciaron que contratarían a otro teclista, uno de mucho relieve que, cuando llegaran sus primeras actuaciones, tocaría con la cabeza oculta en una capucha. El espectador que adivinara el nombre del encapuchado, ganaría el premio de acompañar durante una gira a su conjunto preferido, o sea, a los Bravos, que así se anticipaba a la moda de los conjuntos siniestros, estilo The Cure, puedes no creerlo, pero es cierto.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Si Puedes Creer Lo Que Ven Tus Ojos

Pues sí, me tocó el cupón de la ONCE y, bueno, antes de irme a Tahití, huyendo de Montoro en mi nuevo yate, el Christina 2, quería darme un capricho de nuevo rico.

Así que alquilé una de esas avionetas que escriben mensajes en el cielo, una de la empresa “Monegros SkyTypers”, radicada en el polígono industrial de Ontiñena. Por un precio bastante asequible, pude despedirme de mis paisanos con esta espectacular felicitación que hago extensiva a todos aquellos que no se atraganten con las uvas, no entren en coma etílico con el champán y, en resumen, sobrevivan a esta vertiginosa noche.



Si puedes creer a tus ojos, cuando tú te tomes las uvas, en la playa frente a la que estaré fondeado, allá en la Polinesia, será la una del mediodía del 31 de diciembre, hará un sol de ensueño y al 2016 aún le quedarán once horas para disfrutar.


Feliz 2017, os dejo, que estoy viendo cómo la joven Pahura comienza a desprenderse del pareo.


jueves, 29 de diciembre de 2016

Una Risa A Cuenta De La Desigualdad

Un amigo me ha mandado por Whatsapp la siguiente imagen que me ha resultado un tanto inquietante:


Gracias a aplicaciones como Whatsapp podemos intercambiar emoticonos a cascoporro, fotos de mascotas muy monas, platos muy apetitosos y chistes muy chabacanos... Pero éste me ha hecho recapacitar un poco. En primer lugar, ¿es un chiste? ¿Y a cuenta de qué me sonrío? ¿De la desigualdad? Entonces, ¿es una denuncia?


¿Con quién me identifico? Yo como proteínas todos los días, duermo caliente porque tengo un edredón muy bueno... ¡Y bajo techo! ¿Tengo mala conciencia por los que están achicando agua? ¿Respondo sinceramente? Pues no.


Por otro lado, me ha tocado trabajar toda la vida, quizá sea yo el que ha estado achicando agua durante miles de horas... ¿Tengo envidia de los que bogan tocándose el nabo? Pues tampoco.


Las soluciones políticas que brindan las derechas, serían seguirse descojonando de los que menean los cubos y, las que manejan las izquierdas, abrir un boquete en el lado de los que navegan menos aperreados. El populismo propone que, si todos nos concentramos, lograremos el poder mental necesario para cambiar esta barca defectuosa por un yate de 25 metros de eslora... Y gracias a todos ellos, seguiremos navegando como buenamente podamos.


Sin embargo, no dejo de reflexionar sobre las desigualdades económicas y sociales, pero en serio: España es uno de los países más igualitarios del mundo, pero uno de los menos igualitarios de Europa. Para medir esto más allá de las buenas intenciones, se usa el índice de GINI de distribución de la Renta. Si es cero, significa la igualdad absoluta, todos los sujetos reciben la misma retribución; si es uno, significa que un sujeto se queda con todo y los demás a verlas venir. En la CEE es de 0’30, en nuestro país es de 0’33 y en las repúblicas de Latinoamérica pasa de 0’50 (hasta 0’71). Para que te hagas una idea, los 20 españoles más ricos consolidan una renta equivalente a la del 20 % de la población menos afortunada... Pero si quieres saber más, ahí va un enlace:

http://www.pensandoelterritorio.com/el-indice-de-gini-y-la-desigualdad-en-espana/

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Caranchoa, Español Del Año

Casi todos aquellos que suelen despedir el año con un balance, están de acuerdo en considerar que 2016 ha sido un año horroroso en la mayoría de los aspectos: cultural, deportivo, sociopolítico, tecnológico y no sé cuántos más que ahora no se me ocurren.

La lista de óbitos entre las filas de los notables es abultada. Los que gozan de fustigar la corrupción a todas horas se han quedado sin su diana favorita, tras el fallecimiento de Rita Barberá. Los que añoran el glamour revolucionario de algunos despiadados dictadores del siglo XX, han perdido al emblemático Fidel... Por lo que a mis preferencias afecta, me he quedado sin David Bowie, Prince, Leonard Cohen, George Michael y Carrie Fisher (so long, Princess Leia).


Así que, a falta de grandes logros, de personalidades señaladas, en este país de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devoto de Cristiano y de María, de espíritu burlón y de alma inquieta, el personaje más relevante que encuentro para representar, definir, acaso emblematizar, el año que agoniza es el bravo y agresivo Caranchoa.



Para los tres españoles que aún no saben de qué va el cuento, la cosa parece dar comienzo en YouTube, donde un ingenioso muchacho, provisto del alias de GranBomba, gasta a los viandantes la siguiente broma repetida: “Disculpa, X, me podrías indicar dónde está, cómo llegar a tal sitio, a tal calle o plaza...” En donde X es un ingenioso insulto, normalmente compuesto, los más simpáticos son: bocachancla, soplanucas, papanatas, escupemierdas, cabezalmendra, pichacorta, peloestropajo y... Caranchoa. El viandante abordado con estos epítetos queda bastante perplejo, normalmente se incomoda y pasa del irrespetuoso bromista. Nada que no hayamos visto en programas de cámara oculta, pero el gracioso comete un error y aborda a un trabajador un tanto estresado: “Perdona, Caranchoa, me puedes indicar cómo llegar a la zona comercial”. Y ahí se produce el famoso rifirrafe en el que la víctima del abordaje le suelta un sonoro sopapo, una hostia, una bofetada, una galleta, un soplamocos o un guantazo de antología.



Me río un rato y luego reflexiono sobre un incidente que me parece enormemente indicativo del estado de la nación. A esto hemos llegado o esto es lo que damos de sí, claro, ahí estamos, como de costumbre, descubriendo la penicilina cada dos meses. Olé nuestros huevos. El vídeo se hace viral, la fama automática alcanza a los protagonistas: como presiento que dentro de dos meses nadie nos acordaremos de ellos, quiero dejar aquí constancia de algo que delata la verdadera naturaleza de nuestras inquietudes como pueblo soberano. Caranchoa rompe moldes y le rompe la cara al atrevido cargante. Éstos sí deberían copar la gala de los Goyas.



La modelo que participó en un pase de lencería en misa, Zetta o los inventores del iPhone extremeño, el jotero discapacitado, el Rodrigorrero de los contribuyentes y un largo etcétera de genios patrios, tendrán que aguardar su oportunidad por lo menos hasta 2017. A no desfallecer, muchachos, lo habéis tenido en la mano.

💣

viernes, 23 de diciembre de 2016

Entusiasco Os Desea Lo Mejor


El equipo de Entusiasco al completo, desde el mánager ejecutivo hasta el deshollinador no numerario y el limpiabotas con contrato temporal, reunidos en torno a nuestro árbol navideño (adquirido en un bazar chino por 15’99 €, de la partida destinada a mobiliario y enseres) hemos decidido por mayoría simple (con dos votos particulares) desearos a todos lo mejor de lo mejor.

Para empezar, unas Felices Navidades en 2016 y un opulento, propicio y floreciente año 2017, plagado de novedades tecnológicas que lleven la dicha a vuestros hogares y pletórico de salud, vigor y energía sexual (como es sabido, en éste y en otros campos, estamos contra la pobreza energética).

Uno de los votos particulares ha hecho hincapié en lo de desear, puesto que desear es gratis, tanto en lo material, como en lo anímico, mientras que querer (lo mejor para todos) conlleva algún esfuerzo y puede devengar algún coste que, debido a la actual crisis, no estamos en condiciones de afrontar.



El otro voto particular, insiste en que se haga explícito el destinatario del deseo, no bastando con decir “todos”; por lo tanto nos vemos forzados a concretar que los anhelos de que la paz y la felicidad colmen los corazones y los ánimos, se extiendan:

a hombres y mujeres de cualquier tendencia erótica o sin ninguna,

a los amenazados por la miseria y a los insensibilizados por la abundancia,

a los enfrentados en un conflicto, sin importar si su bando es el bueno o el malo,

a los creyentes en el niño Jesús, en el niño Mohamed, en el niño Moisés, en el solsticio de invierno, en las antiguas saturnales o, incluso, sin creencia alguna,

a los que van a celebrar algo y a los que no tienen nada que celebrar,

a los de cualquier credo político o nacionalidad, migrantes, apátridas o ciudadanos de la república independiente de su casa, de cualquier etnia, edad, sexo, estado civil o cultura, reconocida o no en los organismos internacionales.

¿Ha quedado claro? Pues Felices Fiestas en definitiva.




miércoles, 21 de diciembre de 2016

GeOdontología

Admiré relieves de modelado cárstico mucho más espectaculares que éstos de mi pueblo, cuando estuve en la Ciudad Encantada de Cuenca, a la que dedicaré una entrada cuando me salga de la punta del nabo (tengo que dejar de fingir que alguien lee este blog y empezar a escribir con mayor desfachatez, es más divertido).


Una pequeña caries

El rústico pasear de mis desocupadas matinées me ha llevado una y otra vez a estos parajes que aquí llaman las loberas. Desde que estoy jubilado, paseo más a menudo, pero hago menos fotos, porque no veo tres en un burro, escasamente la sombra de estos pedruscos, de un suelo medio desdentado, donde me siento a rumiar mis sórdidas fantasías.



Un tornillo para implante

 Hoy me he cruzado con un paisano que me ha cumplimentado con la desenvoltura característica de aquí: “Eh, Himphame, qué bien vives sin hacer nada, carnuz, mientras los demás trabajamos para pagarte la pensión”. Me ha parecido un tanto humillante, pero he refrenado el impulso de llamarlo caranchoa (es peligroso), o de apostrofarle de borborigmo, escrofulano o, simplemente, patán, y le he contestado: “Tú lo que tienes que hacer es activismo político a favor de partidos que prometan legalizar la eutanasia. Así, de aquí a pocos años, cuando ya no sea posible pagar las pensiones, a los viejos más inútiles nos dirá una amable enfermera: venga, señor Himphame, pásese el jueves por el ambulatorio, será solo un momentito, un pinchacito de nada y sus achaques y molestias se terminarán para siempre, gracias al tratamiento revolucionario que acabamos de poner en marcha en el centro de salud.”



Incisivos

Como a menudo deseo ser tragado por la tierra, he acabado viéndole dientes: y es que no demasiado lejos parecen proliferar unas dentaduras de roca bastante imperfectas; necesitan implantes, endodoncias o, cuando menos, limpiezas y enjuagues para combatir el sarro y la caries con que las feroces inclemencias del tiempo las castigan por estos fríos y ventosos despoblados.


Caninos

Aunque, por ahora (es de agradecer), la tierra nos engulle sin masticarnos, tal proceder podría cambiar en cualquier momento: aquí y allá asoman las amenazas de un designio maligno que esgrime unos molares ciclópeos para hacernos crujir los huesos.



Molares

Bien. Ya vale, se acabaron las pesadillas diurnas y me voy al bar más cercano a tomar un cortado. Me sacudo el polvo, porque sentado en el suelo me he ensuciado las articulaciones y algunas glándulas. Luego, me pasaré por la clase de Medicación Trascendental. Y es que, cuando uno se hace viejo, vuelven las actividades extraescolares: no recuerdo si esta tarde me toca Snowboard para la tercera edad o iniciación a la Hermenéutica.



¿Los dientes del diablo?
¿La boca del infierno?