lunes, 19 de febrero de 2018

La Chopera De Monzón En Invierno

Se llega a una fase en la que el marco donde uno pulula y se airea queda constreñido a tres calles de un vecindario o a dos caminos del campo, gratos para recorrer, observar y detenernos en sus repetidos y variadísimos detalles. 

El inexistente jardín de mi casa se prolonga en esta chopera de la que he tomado posesión en comandita con mis convecinos aficionados al running, a pasear el perro, a tomar el sol, o incluso a caminar en las indecisas mañanas de invierno.


En mi pueblo, el invierno es suave, no intimida el paseo matinal, además debo añadir que cada año es más corto y menos pródigo en vidriar los charcos con heladas o adornar las ramas con encajes de escarcha. Voy a tener que darles la razón a los cenizos pregoneros del cambio climático, pronto tendremos que mudarnos todos al Canadá, a Siberia o a las doradas playas de la Antártida, territorios que me consta que ya están situándose en el punto de mira de los especuladores inmobiliarios.



Pero, mientras tanto, el invierno desprovisto de sus gélidos temporales de viento, de sus fieras rosadas del amanecer, casi se disfruta a la incierta luz matinal de estos días, cuando ya las nieblas se disipan muy pronto y un sol tentativo acaricia con una luz lechosa los troncos de los chopos.



La luz, como de brumas coaguladas, era muy misteriosa en esas horas ya no tan tempranas. Me da la sensación de haber perdido el pulso fotográfico y no ser capaz de reflejarla en estas imágenes que comparto. La última, incluso, es una HDMI (a 1920 x 1080) que he puesto en el escritorio de mi ordenador, en previsión de que pueda surgir, uno de estos días, una mañana más turbia o menos atractiva.



miércoles, 14 de febrero de 2018

Huelga De Poetas En San Valentín

Esta madrugada había conseguido escribirte el poema definitivo. Todo el mundo sabe que resulta difícil escribir un poema de amor adulto sin que resuenen ecos de ñoñería, o cursiladas sonrojantes, o las más manidas frases sobre el corazón, las flores, la primavera, los atardeceres y otros recursos por el estilo, pero te prometo que lo había plasmado en el papel.

Con un tono sosegado y levemente elegíaco, había conseguido eludir el de aquellos versos tan relamidos que te envié el mes pasado y que, a su falta de originalidad, sumaban algunas carencias plásticas, descriptivas y estilísticas, respecto al amor que te profeso, que es mucho más de lo que en esas pobres líneas supe transmitir.


Un sentimiento tan intenso pide algo más novedoso que las rosas, algo más vital que los crepúsculos, algo más alegre que las gaviotas, algo más reciente que los arroyos, algo más sensual que los suspiros. Y me había esforzado en pulir la forma, en acomodar doce grupos de doce versos, en singularizar las emociones, en adaptar el tono lírico a la realidad de nuestras existencias cotidianas y sus anhelos.


Eliminé algunas rimas demasiado fáciles, canción con ficción, dictado con amado, vino con destino, después volví a revisar el ritmo de los versos, ajusté la acentuación para redondear algunos cuartetos y, finalmente, traté de eludir algunas influencias demasiado transparentes, el magisterio de Neruda en algunas imágenes, el de Luis Cernuda en el tono lírico general, la vena bombástica de Campoamor que, a veces, me sale por sorpresa.


Y esta mañana, a punto de dar las siete, gracias a un insomnio pertinaz y tras cinco horas de corregir, tachar y reelaborar, puse el punto final. Lo leí con incredulidad y di gracias, esta vez sí, a las musas que se habían acomodado a aquello que pretendía decirte y me habían permitido escribirlo tan diáfano y bello, que dolía el pecho y se humedecían los ojos... Pensé que, por fin tenía el poema que merecías.


Lo dejé sobre la mesa, mientras decidía si leértelo hoy por la tarde cuando estemos dando un paseo o reservarlo para el mes de octubre, cuando tenemos decidido celebrar los votos nupciales. 
Llamaron a la puerta y, mientras consideraba qué hacer me incorporé para abrir, extrañado ante quién  podría ser el que se permitía turbar el descanso del vecindario a una hora tan temprana.


Abrí la puerta sin excesivas precauciones y me topé con tres individuos malcarados, que llevaban pegatinas en el pecho “U.G.P”, leí, Unión General de Poetas, pensé, y el suelo se abrió bajo mis pies.

 - Compañero, sabes que hoy hay huelga de poetas en todo el ámbito estatal, formamos parte de un piquete ejecutivo.


 - Querrás decir informativo – contesté al que había tomado la palabra, un sujeto  fornido, con rastas y perilla teñidas de añil.


 - He dicho lo que he querido decir, listo. Que algunos reventáis las huelgas, escribiendo de tapadillo, y así la patronal y las fuerzas reaccionarias siempre se salen con la suya. Si esta vez no conseguimos un convenio de treinta céntimos por verso, cuarenta si incluye metáfora, siempre seremos unos explotados y unos pringaos. No hay que escribir una sóla línea hasta que nuestras justas reivindicaciones sean atendidas. Y a tí ya te tenemos calado de los paros anteriores, que escribes a tu aire, a tu puta bola, como si te hubiera venido aquello que llamaban la inspiración, y nunca respetas las necesidades y exigencias de la causa...


Mientras me endilgaba este rollazo, uno de sus camaradas se había introducido en la única pieza que constituye mi domicilio, la poesía no da para más, el lavabo y el váter son compartidos para todo el rellano, de sobra lo sabes.


 - ¡Aquí lo tenemos, compañeros! Este puto esquirol ha estado escribiendo un poema y bien largo, aún tiene la tinta fresca. ¿No nos irás a decir que esto es la lista de la compra?


El tipo enarbolaba orgulloso mi poema, comprimiendo y arrugando los folios. Exhibiendo su trofeo ante el de la barba añil que debía de ser el jefe, porque ordenó tajante:


 - ¿A qué esperas, Virgilio? Destrúyelo; las directivas son bien claras, hoy no sale ni una línea de poesía, va contra los acuerdos en firme de los comités del sector. Además éste está fichado y lo vamos a joder.



Intenté protestar dócilmente, aunque sabía que no había nada que hacer. El sujeto que no había intervenido hasta el momento, trató de consolarme:


 - Has tenido suerte de que no viniera el piquete de la "C.N.P.", ésos se hubieran presentado con una barra de acero en la mano y, con los antecedentes que tienes, te hubieran atizado un par de caricias en la crisma.


No tuve más remedio que darle la razón, los de la Confederación Nacional de la Poesía hubieran aprovechado de paso para destrozarme la habitación... Tampoco me esforcé en dejar claro que no era un sabotaje deliberado de la huelga, sino un poema de carácter personal, ¿para qué?


Cuando se fueron, dando un portazo y recalcando sus imprecisas amenazas, me quedé trastornado y con la mente en blanco. Pensé que podría haber sido capaz de memorizar el poema y esto me hizo sentir tan culpable como desvalido.


Para no presentarme sin nada en una fecha tan señalada, he bajado al Mercadona y te he comprado esta caja de bombones sin azúcar, tiene forma de corazón y me hace sentir un poco ridículo.


viernes, 9 de febrero de 2018

Ocho Apellidos Catalanes. La Comedia Plurinacional

Me hubiera gustado ver la gala de los "Goya", pero aquella tarde tenía que ir a entrecavar ciruelas y me la perdí, igual que el año pasado que estaba en el proctólogo y el anterior, por un compromiso inaplazable con las avutardas... Bueno, de este modo no sé qué novedades de nuestro cine merecen la pena, pero a mí me gustó mucho "Ocho apellidos catalanes" de Emilio Martínez-Lázaro, espero que le dieran un montón de premios, pues la disfruté casi tanto como "Las Autonosuyas", dirigida en 1983 por Rafael Gil y de orientación temática y estilística similar.


"El problema lo tenemos con los cuatro
funcionarios de siempre"

Debo agradecer la recomendación de verla al dirigente político y acreditado cinéfilo, don Pablo Manuel Iglesias, el cual tras su visionado, declaró con entusiasmo: "Creo que es la primera película que veo en la que hablan en catalán, español, euskera y gallego. La mayor parte de los ciudadanos han entendido ya que la grandeza del país es su diversidad y su plurinacionalidad". No te digo más, en cuanto me he topado con semejante joya fílmica en el catálogo de Netflix, me he lanzado a verla con el ánimo de convertirme en un ciudadano entendido en grandeza y plurinacionalidad.



"He tenido una pesadilla: volvíamos a ser españoles"

Cosa que, honestamente, no he conseguido. Me lo impidió un cierto tedio que, como si fuera un ruido de fondo, se apodera de la cinta de un modo creciente conforme el metraje avanza... No sé si Esteso y Pajares hubieran inyectado un poco más de credibilidad en los estereotipos comunes a las comedias que factura nuestra fláccida industria. Nuestro cine cómico rara vez busca una identificación con las vivencias de un espectador al que desprecia. Más bien basa su efectividad en proponer unas risas a costa de los adictos de todo tipo, los física o moralmente deformes, los pobres, los mariquitas, los tartamudos, los cegatos o los retrasados. En este caso, el blanco de las burlas son los alienados por cuestiones de identidad nacional y es de agradecer que lo haga con bastante ecuanimidad: vascos, catalanes y el resto de los españoles son reflejados como sujetos de una alienación igualmente perturbada y risible.


Peinada con rastrillo

No obstante, pese al horrendo peinado de la Lago, la rutinaria actuación de todo el reparto (a excepción de la Sardá, que compone un personaje verdaderamente gracioso), la carencia absoluta de gags notables (se quedaron todos en su antecesora) y el guión de una inconsistencia manifiesta, cuajada en peripecias sentimentales muy endebles (no, no está basado en Molière), pese a todo lo apuntado, digo, el filme tiene un valor inesperado en su haber: es premonitorio, pura anticipación.



Visca la república

Me explico: fue estrenado en noviembre de 2015 y casi no me cabe duda de que ha servido de inspiración a los artífices del "procés" que se han basado en aquél de manera milimétrica. 


En la película, Pau tiene una abuela muy rica y, para alegrar a la anciana señora en sus días postreros, finge la existencia de una república catalana independiente, que abarca a su localidad, a la boda del propio Pau y a todos los extras convencidos de una manera u otra; me recuerda a la indispensable "Goodbye Lenin!", solo que aquí sería "¡Goodbye Borbón!"

Indepes de buen rollito

Y el caso es que el "procés" en su materialización real ha ido, paso por paso, siguiendo el modelo de la película: hay una abuelita, llamémosla en clave "la madre superiora", a la que sus nietecitos, para heredar la masía, le han construido una república de fantasía y ensueño, también llena de figurantes, que se desviven por complacerla y que se vaya al otro mundo feliz y realizada. En vez de "basada en hechos reales", debieron poner en la pantalla: "basará hechos reales". Los hechos reales han sido más torpes y risibles aún que los de la pantalla, pero en eso no me meto.

Lo que pasa es que el libreto, que malamente valía para llenar una película de cien minutos de equívocos y chascarrillos, no alcanza para una serie de alto presupuesto en escenarios de lujo, Parlament, Palau de la Generalitat, Bruselas, Waterloo, con un episodio diario, que amenaza con perpetuarse ¿cuántas temporadas? Ya cansa, ¿verdad? Y lo que nos queda... ¡Y estos actores están todos muy por debajo de la Sardá! ¿Quién ha hecho el casting?




Bueno, pues cansemos todos y yo el primero por la senda inconstitucional: acabo con un "meme" actual, de elaboración propia, que tiene bien poca gracia, claro, como todo el asunto.


martes, 6 de febrero de 2018

Oryx Y Crake - Margaret Atwood

Ha ocurrido. Tenía que llegar y se nos ha llevado a (casi) todos por delante. Un mundo estragado por la desigualdad, la superpoblación y el deterioro medioambiental no sobrevive a la enésima revolución, esta vez la biotecnológica, que termina produciendo lo que la autora designará en una obra posterior como el "Diluvio Seco", una versión particularmente fulminante y cruel del Apocalipsis, el Armagedón, el exterminio masivo de los seres humanos...

Para tema de una novela, no parece en exceso entretenido, tierno,  optimista, humorístico, apasionante ni sutil, pero la escritora logra un sabio combinado de todos estos matices, añadidos al sabor principal del relato: lo desgarrador.



Te lo recomiendo

Margaret Atwood (Ottawa, 1939) es una escritora canadiense que, en la actualidad, nos muestra la apariencia de una persona mayor frágil, sonriente y con un punto de coquetería, vivaz y activa, como comprobamos a través de este enlace: 

https://elpais.com/cultura/2018/01/16/actualidad/1516091421_335382.html.
Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (actualmente Princesa) en 2008, por lo cual debería ser mínimamente conocida por lectores de estos pagos, cosa que me temo que no ha ocurrido hasta, sí, por supuesto, el triunfo de una serie de televisión, "El cuento de la criada", basada en su novela homónima, la primera de las suyas que yo tuve ocasión de leer, quedando tan impactado que me he propuesto no ver un solo capítulo de la serie, prefiriendo lo construido en mi propia imaginación, antes que las imágenes televisivas, destinadas a decepcionarme sí o sí.

Margaret Atwood publicó "Oryx y Crake" en 2003 y, aunque en España salió casi enseguida, yo no me enteré hasta el año pasado y tú no sé a qué esperas.



Portada en español

Colindante con la Ciencia Ficción, el relato de Fantasía o el Terror, es o me ha parecido, muchísimo más que una novela de género, Literatura con mayúsculas diría, si no fuera pedante (el calificativo favorito de Crake).


En el libro, se nos traslada a un futuro, que parece cercano pero es bastante chungo: un planeta abarrotado habita en dos espacios diferentes, el de los "complejos" y el de las "plebillas" (lo que ahora llamamos ciudades). Los complejos son bastante guays, hay de todo en abundancia y los trabajos parecen mazo interesantes. Las plebillas, pues ya te puedes figurar, pobreza, inseguridad, basura, masificación y todo sucedáneos. De cerca, los complejos no son tan flipantes: sobra control y falta autonomía personal. Las sofocantes medidas de seguridad, protegen de los peligros exteriores pero, sobre todo, fiscalizan el desempeño interior (ay de los disidentes, los desertores y los traidores). Los complejos más avanzados se consagran a la manipulación biológica: cerdos donantes de órganos, pollos con doce muslos y sin cabeza, cosas así.



Portada 2

Como el asunto se les acaba yendo de las manos, o eso parece, por culpa de "una bioforma hostil" que deja al ébola a la altura del acné, el relato está construido desde la memoria de un superviviente, Jimmy "Hombre de las Nieves" un ser humano física y moralmente estragado por la desnutrición, los recuerdos y la culpa. A través de él conocemos a los otros dos protagonistas, su amigo, el megabrillante, todopoderoso e impenetrable Crake, y a la amada de ambos, la cautivadora Oryx que fue vendida en un pueblo del sudeste asiático a los traficantes y ha sido actriz porno infantil.



Premio Principe de Asturias

De la mano de estos tres personajes - ¿tres seres mitológicos? - vamos asomándonos a los secretos del fin del mundo; de sorpresa en sorpresa, nos explicarán este "borrón y cuenta nueva" con el destino del género humano, en una especie de refundación y, al cabo de más de 400 páginas, nos acabaremos de quedar patidifusos con un final abierto y sin habernos aburrido durante una sola línea.



Margaret Atwood hacia 1970

Una novela compleja, o puede que incluso ligeramente enrevesada, que requiere un pequeño esfuerzo, sobre todo al principio, hasta que uno supera la extrañeza y se sumerge en el mundo propuesto por la autora. Para empezar está lleno de neologismos originales y, desde luego, no es facil hacerse a los paisajes físicos y humanos posteriores a una hecatombe global, más aún si se construyen con un mosaico de flashbacks que no siguen una secuencia temporal lineal. Así que comenzamos bregando un poco y, a partir de cierto momento, fluye la buena literatura y el interés del relato es absorbente, quedamos hipnotizados por el frío espanto de una distopía que conocemos muy bien, que podemos anticipar a la perfección, que está quizás a la vuelta de la esquina. Las pesadillas son tan verosímiles y tan atroces que, aunque tengas un pulso apto para el robo de panderetas, podrías acabar temblando.



La autora en una imagen reciente

El horror y la esperanza se entretejen en las líneas de ésta, en mi opinión, cumbre de la fantasía científica. Ah y tiene secuelas, si como yo, no has tenido bastante, puedes continuar con "El Año Del Diluvio", donde explora puntos de vista complementarios que, sin darte el porrazo sorpresivo de esta obra, sí que completan y amplían el panorama (devastador) de la misma.

martes, 30 de enero de 2018

Arte Efímero

Este tramo del invierno, en el que el frío no está apretando, nos provee de mañanas variadas (niebla, lluvia, sol...) no del todo desagradables. Las aprovecho para pasear un par de horas con otro jubilado que en su vida laboral fue pintor, de los llamados entonces "de brocha gorda"; de aquel desempeño le ha quedado una afición hacia los grafitis no exenta de cierta ambivalencia: tachando los más de vandálicas guarradas, mientras otros le producen admiración y arrobamiento y me lleva, de propio, a verlos.


No sé si he dicho alguna vez que la localidad por donde deambulan nuestros vacilantes pasos, Monzón, no es ni un pueblo ni una ciudad: es como un suburbio de una capital grande, solo que no hay ninguna al lado; el descuido desmañado del reducido centro y el pasado industrial, consiguen este efecto como de barrio periférico de una gran ciudad inexistente.



Cualquiera de mis paisanos (que, por fortuna, no me van a leer) pensaría que esto es un agravio o una desconsideración a la población que me ha acogido para los restos. Todo lo contrario, es la particularidad que me resulta más atractiva y confortable, la influencia de la "gente bien" y de "los de aquí de toda la vida" es menos sofocante que en otros lugares que he conocido y permite una vida urbana y anónima en un núcleo de tamaño manejable.



Bueno, pues como decía, fuimos a instancia de mi colega pintor a ver los muros donde los grafiteros se han explayado, según él, con gracia y acierto, e hice estas fotos como testimonio de pleitesía a un arte tan efímero que, apenas acaba el artista del aerosol de concluir su obra, ya viene otro a garabatear encima, ¿cooperación o destrozo? Ni idea, nunca he entendido ni gota del ángel fugaz de estos intrincados trabajos murales: llaman mi atención, pero no comprendo sus motivaciones, mensajes si los hay, o códigos estéticos. Qué le voy a hacer: es un asunto generacional, los aerosoles en mis tiempos se empleaban para otro tipo de pintura en los muros urbanos: "12 de Noviembre, Contra el Ajuste Laboral, Huelga General" (la frase es auténtica, yo la escribí la tapia de un solar en 1976, qué tiempos).



Vale, por eso comparto hoy estas fotos, a ver si un entendido en grafitis sabe tasarlos y vienen, no será la primera vez, a arrancarlos y llevárselos a un museo.







miércoles, 24 de enero de 2018

Sepa Si Es Usted Amorfo O Apático

No pinta nada mal la posibilidad de clasificar a las personas, por sus rasgos de personalidad o carácter, en unos pocos tipos, cuyo conocimiento nos hiciera al prójimo más previsible, más manejable o, bueno, nos diera una herramienta de conocimiento y de poder sobre los demás, herramienta que facilitaría el cumplimiento de nuestros propósitos, tanto los más aviesos como los más bienintencionados.

Me apasionaba en otro tiempo con los manuales de Grafología, Astrología y otras peripecias de la pretensión de conocer el carácter o la personalidad de alguien, tan sólo viendo un texto de su puño y letra, o sabiendo el día y la hora en que su madre lo arrojó a este mundo traidor (donde nada es verdad ni es mentira y todo es según el color del cristal con que se mira).


Claro, el chiste está en que si conocemos o nos relacionamos con un par de centenares de personas, resulta muy desorientadora una tipología con doscientas personalidades diversas, que es lo que nos ofrece el mundo real, donde aunque todos somos muy parecidos, todos somos muy distintos.



Reducir semejante tropel a unos cuantos tipos básicos es lo que los psicólogos han intentado desde que los conozco y, de un manual de Psicología General que estudiaba de joven, procede este peculiar delirio, avalado por una escuela francesa de esta clase de cotilleos, iniciada por un tal Heymans.


Debo confesar que soy muy aficionado a las lucubraciones de todo tipo de charlatanes, cuando de niño iba a las ferias, se me caía la baba ante el rollo de cualquier vendedor de linternas, grageas curativas, paraguas o crecepelo, por lo tanto, la promesa de conocerme a mí mismo y a mis semejantes, con un patrón sencillo que da lugar a una tipología con tan sólo ocho caracteres principales, es muy atractiva (el popular horóscopo tiene doce).



Dicen los referidos psicólogos franceses que los rasgos esenciales del carácter son sólamente tres:


1. La emotividad: será emotivo aquél en el que los acontecimientos externos desaten reacciones emocionales intensas y será no emotivo aquel en el que la repercusión emocional de lo que le acontece sea más débil o controlable. No consigues un ascenso que esperabas, si eres emotivo, te hundes en la depresión, te emborrachas, no pegas ojo o rompes objetos de cerámica, si no lo eres, piensas, ellos se lo pierden, que les den... Un dueño poco escrupuloso le da una patada a su perrito porque se ha puesto muy pesado: al emotivo el espectáculo del maltrato le parte el corazón y su día se echa a perder, el no emotivo piensa "bah, no es mío".



2. La actividad: será activo el que reaccione ante los deseos y frustraciones poniéndose en marcha y no activo quien confía en que el destino está de su lado (o en su contra) y todo se resolverá esperando a ver qué pasa. Una persona activa trata, eso, de actuar para definir y alcanzar sus propósitos, mientras la persona no activa piensa que su esfuerzo es inútil y vale más combatir el aburrimiento en el sofá, viendo la tele, que hacer réplicas con palillos de la torre Eiffel (no olvidemos que los teóricos de este asunto son franceses).



3. La resonancia o repercusión, según la cual será primaria la persona de reacciones inmediatas, intuitivas y rápidas, la que responde a bote pronto y en el presente y secundaria aquélla que tiende a reaccionar de modo sosegado, reflexivo y más lento, con mayor peso de la experiencia pasada y las consecuencias futuras. Si a un tipo primario le cae una colleja, protestará de viva voz y tratará de devolverla en el acto, con lo que se quedará tan ancho; uno secundario puede encajarla sin reaccionar en apariencia y urdir una rencorosa venganza, durante semanas o meses, hasta que consiga arruinar la vida de su agresor.



Estas tres características dan 2x2x2 = 8 tipos psicológicos distintos, según las vayamos combinando de todos los modos posibles:


Emotivo. Activo. Primario = Colérico.
Emotivo. Activo. Secundario = Apasionado.
Emotivo. No Activo. Primario = Nervioso.
Emotivo. No Activo. Secundario = Sentimental.
No Emotivo. Activo. Primario = Sanguíneo.
No Emotivo. Activo. Secundario = Flemático.
No Emotivo. No Activo. Primario = Amorfo.
No Emotivo. No Activo. Secundario = Apático.



Mas allá de que los ilustres galos que parieron la idea se extiendan lo suyo con la explicación de los caracteres, y lo hacen, Napoleón y Miguel Ángel eran apasionados, la mayoría de los artistas son nerviosos, los buenos comerciantes y hombres de negocios suelen ser sanguíneos, Hitler era colérico y cientos de páginas por el estilo, yo, a esto, le doy un valor sólo ligeramente por encima del del horóscopo, para mí decir que alguien es sentimental, significa y me revela poco más que decir que es Piscis.



Por otra parte están la variabilidad y los estados intermedios. Te invito a que pienses que cada rasgo puro ocupa un eje de un sistema de coordenadas XYZ, en el que el grado de emotividad, actividad y resonancia te situarían en un punto en el espacio, siendo el problema real (y muy gordo) establecer una escala o medida de las tres variables. Por ejemplo, emotividad: una persona puede responder de modo muy emocional a un estímulo y quedarse tranquilamente sentada en su terraza ante otro de muy similar carga emotiva. Y en ese mismo sujeto habrá variaciones, según el día, la ocasión, el humor y otros mil imponderables.



Además, a mí el asunto me acaba pareciendo más una tipología moral que una tipología psicológica: emotivo es lo contrario de insensible y activo lo contrario de vago, el primario es más tarambana y el secundario tiene la capacidad de pensárselo mejor... Por no hablar de la nula aplicación del patrón en el ámbito educativo o de recursos humanos: oiga, ¿por qué ha suspendido mi hijo? Es que es un poco amorfo. ¿Y por qué no me han dado el trabajo? Es que hemos detectado que es usted un tipo apático... Pues no se hable más, oiga.




martes, 16 de enero de 2018

La Televisión. Láminas De Rayos Catódicos

Hace cinco años, yo era un bloguero novato y lleno de entusiasco que, cada dos o tres días, encontraba un pretexto para hacer una apasionada deposición en la red internáutica, con la infundada esperanza de encontrar algún alma gemela despistada que me leyera, me comentara, me diera ánimos o, yo qué sé que cojones esperaba, pero la cruda realidad se impuso y, ahora, casi me alegro de no poder asumir esta tarea.

Cuando publicaba a ese ritmo disparatado departiendo, sobre todo conmigo mismo, de todo lo humano y lo divino, siempre desde un enfoque superficial muy riguroso, me encontraba a menudo sin ideas para una nueva entrada, no como ahora, que me encuentro sin ideas a secas. Uno de mis lectores habituales de entonces, el bajito, no, el otro, me decía:


-Se nota cuando no se te ocurre nada, entonces vas y publicas una entrada de láminas.


Pues así, es amigos, hoy copio de mi entrañable enciclopedia dos láminas, encaminadas a explicar al profano los entresijos técnicos de la televisión. De la televisión de hace medio siglo.


La televisión molaba más cuando era en blanco y negro y había dos cadenas: entonces todos nos tragábamos buena parte de la programación de la 1. Y algunos excéntricos veían la segunda cadena, que entonces se llamaba el UHF, que me cocinen los demonios del infierno si supe nunca el significado de esas siglas. Mientras vivió el Caudillo de los Ejércitos de la Guerra de Liberación Nacional no permitió que hubiera más oferta, en lo que hoy me parece uno de los pocos rasgos acertados de su siniestra férula: como todos veíamos la misma programación, al día siguiente habia tema de conversación en el trabajo, en el instituto, en el vecindario, o donde fuera la tertulia:


-¿Visteis ayer "Misión Imposible"? ¿Cuando rescatan a la chica? Yo pensé que esta vez no iban a poder escapar.


-Pedazo de zoquete, si sabes que va a acabar bien, sabes que, por supuesto se van a escapar; esta semana, la que viene y todas, ¿no ves que los malos son tan tontos que barren las escaleras hacia arriba?


Qué tiempos aquellos en los que los malos eran tontos, Locomotoro te hacía reir todas las tardes, el hombre de los pájaros sabía todas las respuestas y los Thunderbirds se escogían siempre con buen criterio, para la misión propuesta en cada episodio.



Todos, menos cuatro "progres" ceñudos y contraculturales que la llamaban "la caja tonta", nos nutríamos de la televisión, era nuestra ventana al mundo y, cuando fue en color, ya fue el acabose, el Aleph, la moderna revelación de los  mundos de Yupi... En aquella edad de la inocencia, todavía no se estilaba la palabra telebasura.


Recuerdo la primera vez que vi la televisión en color, cuyo fundamento técnico explican mis obsoletas láminas. Fue en Francia, donde estaban exiliados mis abuelos paternos y donde nos llevaban una ventaja de diez años en lo tecnológico y doscientos en lo demás: me quedé estupefacto, qué bonitos y limpios eran los colores, aquello era el invento del siglo.


Pero ya estamos en otro siglo y la televisión sólo la vemos los viejos y no todos. Confieso con toda sinceridad que, desde que me tomé las uvas en Nochevieja y vi el revival entre setentero y ochentero de la 2, no he vuelto a ver ningún programa más. Si entraran unos cacos en casa y se llevaran el aparato, no me daría cuenta por lo menos hasta el primer partido de Champions que den en abierto...



No puedo terminar sin mencionar que, algunos jóvenes, no saben o no recuerdan que un televisor era antes una caja culona, con un tubo combado donde unos revoltosos electrones hacían de las suyas rebotando tras la pantalla y formando, mediante luminosos destellos, el egregio rostro de don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, olvidado Presidente de las Cortes Españolas. Ah, y el trasto en cuestión, costaba el sueldo de cuatro meses, había que comprarlo a plazos.