martes, 16 de febrero de 2016

Una De Parásitos Para El Vermut

El Resentido anda un tanto decepcionado con lo que publico últimamente: “chico, no sé por qué le pusiste el nombre de Entusiasco, si esto lo podría leer sor Lucía Caram entre el rosario y las letanías, si ya, por no contrariar a tus amigos del progretariado, ni te metes con los políticos decentes (con los otros, no vale la pena). Escandaliza un poco, hombre, o haz una página repugnante”. Una página repugnante, ¿eh? ¿y qué podría ser un poco repugnante en estos tiempos de suprema higiene?… Déjame pensar…

Yo crecí en una época rabiosamente antropocéntrica, en la que los animales no habían alcanzado el destacado predicamento que hoy los hace miembros de un ecosistema en el que nosotros somos una plaga invasiva que está a punto de desequilibrar para siempre la convivencia en este frágil planeta donde hay sitio para todos. Del mismo modo que ahora no podemos tocar nada y está poco menos que prohibido estresar a los pollos, cebar un anzuelo con un gusano vivo o vender pajaricos enjaulados en las Ramblas, hace medio siglo éramos el rey de la creación, la viva imagen de dios o “la medida de todas las cosas”.

Entonces, la única clasificación significativa de los animales era en “útiles” y “perjudiciales”. Útil era la vaca que nos “daba” leche, carne y piel, mientras que perjudicial era la rata que nos daba mordiscos, infecciones y sustos, además de saquearnos almacenes, graneros y despensas. En este status había algunos de dudosa clasificación: por ejemplo, un león, que era perjudicial en cuanto podía comerse a un niño de Kenia que fuera a buscar agua, o beneficioso en cuanto que podía asombrar, cautivar o divertir a un niño de aquí que fuera al circo Price a verlo actuar.


En nuestros días, esta prepotencia humana en el etiquetado de la fauna nos parece ridícula, desfasada o nociva, aunque no es tan sencillo superar por completo el tema: ¿qué papel pueden jugar en nuestras vidas los repugnantes, molestos y peligrosos parásitos? ¿Se les puede integrar positivamente en un equilibrio solidario del ecosistema? ¿O tenemos que seguir intentando deshacernos de ellos con pesticidas, plaguicidas u otras lociones menos agresivas?


Por ejemplo, cuando éramos unos primates menos engolados, en un mundo carente de internet, el mutuo desparasitarse era una forma de relación que creaba poderosos lazos de comunicación social, estrechaba relaciones de provechoso intercambio y creaba vínculos de afecto e integración. Algunos animales todavía gozan de estas gratas conexiones, pero en nuestro caso se han echado a perder sin remisión.

Y si no, mira a ver si puedes escrutar estas láminas sin disgusto o repulsión... Amplía un poco.

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