viernes, 13 de octubre de 2017

Entusiasco En Su Quinto Cumpleaños

La entrada de hoy se encamina a conmemorar los cinco años de este blog, a agradecer las 147.000 visitas, cifra ésta que sospecho muy inflada, debido al escaneo de los robots de búsqueda que transitan infatigables el internet, escudriñando qué se yo, los hackers de países remotos son inescrutables, registran páginas y páginas para indescifrables propósitos que, desde luego conmigo, dudo que alcancen, a no ser que vayan a la caza de fabulaciones de tercera clase.

Phelicidades a todos

147.664 visitas según el panel de Blogger

A los no-robots, gracias por leer o contemplar alguna de estas bienintencionadas excrecencias, gracias y pido disculpas por contribuir a duplicar cada pocos meses la dimensión del vertedero binario, parece una contaminación verdaderamente dañina, ésta.


Un blog casi tan global como El País

Cinco años y 633 entradas más tarde, sigo tan desorientado como cuando este blog inició su andadura, perdido, como un bacalao agitándose en la procelosa red internáutica, atrapado sin remedio; yo no sé que pretendía en octubre de 2012, pero fuera lo que fuese, he de confesar honestamente que no lo he alcanzado. Y ahora está además el tema de las luces que se extinguen, las del espíritu en la decepción y el desaliento, y las del cuerpo, en la ceguera progresiva. En el último trimestre de 2012 conseguí publicar 44 entradas, veremos si en el mismo periodo de 2017 llego a 10.


Ora et labora

Cinco años y 633 entradas más tarde soy mucho más pesimista respecto a lo que me rodea, por dentro y por fuera, y me requiere mucho más esfuerzo físico y anímico escribir y eso que, no lo creía posible a los 64 años, pero sí, he aprendido (de una vez) mecanografía, ejercitándome con un método de internet, quiero decir escribir usando todos los dedos y sin mirar el teclado, de otro modo ya no podía continuar: al mirar el teclado y la pantalla, las dificultades de enfoque y mi reducidísimo campo visual me imponían un ritmo de cuatro palabras por minuto.


Desde Monzón con Entusiasco y pasión

En cuanto a la temática, la pérdida del contacto cotidiano con la realidad de las instituciones educativas, el desencanto más funesto y absoluto con las realidades políticas y la progresiva retirada de la vida activa, reducen mi elenco a hablar del estado de mis vísceras y poco más. Al menos, los jubilados de la construcción van a las obras a entretenerse en la contemplación de su progreso, criticando los métodos modernos de excavar, cimentar, encofrar y poner ladrillos. Yo no soy capaz de distraerme yendo a las ventanas de un colegio a ver los modernos desempeños pedagógicos, además, a lo peor creerían que soy un pederasta.


Aquí preparo las entradas
Un blog con fotos irrepetibles, como ésta
(estos hermosos árboles ya no existen).
El camino sigue y hay que continuar.

domingo, 8 de octubre de 2017

Ciudad Del Hombre - José María Fonollosa 1. Poemas A La Mujer

Adquirí el otro día en Amazon (a muy buen precio, por cierto) una magnífica edición de la obra recopilada de José María Fonollosa, el poeta más desconocido de las letras españolas de la posguerra, el más oculto, el más ignorado (y no es de extrañar), caracterizado por una escritura fuerte que explora la zona oscura del ser humano (él), con una voz muy subjetiva y con una ferocidad que no deja de dar cierto vértigo al lector incauto (yo). Si ignoras por completo su existencia, te remito a este artículo de Wikipedia, donde transcriben un poema póstumo que para mí es muy difícil de no suscribir.
https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Fonollosa

Es un escritor que, en endecasílabos de apariencia formal muy simple, aborda, con una voz potente, una temática reiterada en poemas breves como hachazos: pequeñas historias sobre la soledad, el deseo sexual, la mujer, la posteridad, la violencia, la vida y su transcurso temporal, la trágica vulnerabilidad del ser humano, la vanidad del éxito, la plenitud como imposibilidad y, por encima de todo, la desesperación en todos sus grados y variedades.


Este es el libro

Dado lo que me complace su abrasiva lectura, si dios me da esa luz, es muy posible que regrese con más muestras de la poética de este monstruo. Hoy copiaré y subiré 6 hermosos poemas 6, con el hilo temático de la mujer. Vamos allá:


Carrer de Vila i Vilá 2

Dices que no te gusta, que no quieres
y tu vestido es siempre como un muro
con grietas que impacientan a mis manos.

Te cuelgas, sin embargo, de mi brazo
y te aprietas sonriendo. Yo no puedo
evitar que mi cuerpo busque el tuyo.

Y estoy cual esos postes de alumbrado
que ven algo extraviado por la acera,
mas no pueden bajar a recogerlo.

¿Por qué quieren a un hombre las mujeres?
Sólo se puede amar de una manera.
Tu madre nada sabe de estas cosas.



Te he comprado zapatos y unas medias.
Te compro lo que quieres. Lo hago a gusto.
Tú sabes conseguirlo si me miras.

Debes corresponderme de algún modo.
No sirven por más tiempo las palabras.
Solo se puede amar de una manera.



Carrer d’en Fontrodona 2


Me gusta contemplar las jovencitas.
De las generaciones del amor
son la última remesa que nos llega.

Me comolace observar su audacia tímida.
Son nuevas promociones impacientes
para llegar a tiempo hasta mi tiempo.

Tal vez alguna alegre muchachita
de esas cuatro que están en la parada
del autobús y ríen naderías,

suspire entrecortada entre mis brazos
dentro de pocos años, ya hecha, entonces,
hermosa juventud su adolescencia.

Casi siento en mis brazos su latido.
Lo bueno de ser hombre es que el amor
-la mujer-, si uno quiere, siempre es joven.


Esta es la reseña


Plaça de Blasco de Garay

Mi casa necesita una mujer
que llene de canciones sus paredes
y complete mi cama por la noche.

Un cuerpo que discurra en torno mío.
Una voz que responda si digo algo.

Yo no tengo el dinero de los otros;
no sé tampoco hablar como los otros,
ni tengo la apostura de los otros.

Por eso necesito una mujer
que oculte mi tristeza entre sus brazos.



Carrer de les Carretes 2

Yo sé que a ti te gusta aunque lo niegues.             
Lo sabemos los dos. Tú te complaces
sumisa obedeciendo mi deseo.             
Aparentas desgana, mas te agrada.

Quiere ser dominada la mujer.             
Le gusta ser forzada. Opone siempre,
aun débil, resistencia a ser amada.             
Le place ser tomada por la fuerza.

Como agrada al asfalto en la autopista             
que lo recorran coches de potencia.

Uno puede escoger cualquier muchacha.             
Disputarla, quitársela incluso a otro.
Ella sigue contenta al que la gane,             
aunque lo disimule adusta y seria.

No le importa quien venza. Pertenece,             
lo sabe, al que es más fuerte. Es el que admira.
Siempre niega al principio. Luego accede.             
Y dócil se acostumbra a cualquier hombre.


Este es el hombre


Carrer de Sant Jeroni


Todos tienen derecho a usarla. Todos.
La lluvia no mojó sólo una calle
ni el sol nunca salió para uno solo.

La mujer es para eso, paraíso,
para uso de los hombres. Campo abierto.
Es fácil de entender. Es bien común.

Es la hembra de la especie. La de todos.
Y ha de entregarse a aquel que la apetezca.
Por eso va cambiando de un hombre a otro.

Esa es su utilidad como mujer.
Por tanto, aunque te tome por la fuerza,
es mi derecho usar lo que es de todos.


Y este es un cartel de su club de fans

Carrer del Bisbe Laguarda 2

Debiera liberarse la mujer
de la opresión en que la tiene el hombre.

Bien es verdad que algunas son verdugos
que sin piedad castigan a sus machos.
Mas, por lo general, es la oprimida.
No cuenta como igual individualmente.
Se la ha apartado a un lado y asignado
las funciones higiénicas más bajas:
es cubo de basura de los hombres.

Resulta incomprensible su obediencia
a unas normas injustas desde siglos.
Parece resignada o adaptada,
incluso unas contentas, a estar presa
de algún dictadorzuelo cruel e imbécil
que la veja y le exige una sonrisa.

Sus razones, supongo, habrá tenido.
O, acaso, ha sido un simple experimento
ese dejar hacer. Mas comprobado
de manera exhaustiva que los hombres
no logran resolver la convivencia,
debiera liberarse la mujer.
Y asumir, ella, el mando de la especie.
Nosotros ya tuvimos nuestro tiempo
y hay que reconocer que fracasamos.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Enterrado En Vida - Arnold Bennett

En esta tibia sobremesa, con la digestión en “pause”, voy a contar cómo conocí a Priam Farll y a Alice Challice. La culpa la tuvo mi obstinada afición a coleccionar colecciones. Esta vez, el coleccionismo me llevó a una promoción de quiosco titulada “Biblioteca Borges”, construida alrededor de las preferencias lectoras del maestro argentino. Eran, creo recordar, unos 80 libros de tapa dura, con letras doradas sobre cubierta negra, prologados por el propio Borges, cuya labor, aparte de haberlos leído y elogiado, se concretaba en una breve reseña introductoria, no más de una o dos páginas. Yo, a mi vez, leí la mayoría de los títulos, descubriendo obvias o escondidas maravillas y algún que otro indigesto ladrillo.

“Enterrado en vida” fue uno de los libros que iba descartando una y otra vez. El título me desanimaba, pues creía que escondía un relato del estilo de Lovecraft, o de Stephen King que, decididamente no es mi palo preferido: me gustaría asustarme con ellos, pero me asusta lo pronto que empiezo a aburrirme. En éstas, un amigo aficionado a la lectura en general y a Borges en particular, me lo recomendó como uno de los textos más divertidos de la literatura anglosajona (que es mucho decir). Tenía razón. Otro amigo, en cambio, lo despachaba como “una novelita intrascendente al gusto burgués”, para este otro amigo “el gusto burgués” es lo peor, los burgueses son una subespecie indeterminada del género humano, caracterizados por la insensibilidad, la ramplonería y el mal gusto, sin otro interés que el provecho económico e incapaces de leer a Virginia Woolf, pobrecillos.


Here it is

El libro de Bennett pretende ser un relato de confusiones, engaños y enredos pero, tocado por una gracia concreta, por completo singular, es muchísimo más que eso, e igual que se dice “falla por todas partes”, yo acuñaré aquí la expresión “acierta por todas partes”. Particularmente por tres:


Uno, la estructura argumental es simple, estamos en los comienzos del siglo XX y un artista muy tímido y sensible, Priam Farll, ha regresado a Londres. Justo al llegar a su domicilio, muere su criado de una pulmonía, un bribón llamado Henry Leek. El médico que certifica la defunción, por las trazas y el atavío, cree que el señor de la casa es el fallecido y Priam, el criado. Por no contrariarle y porque le parece buena idea desaparecer de la vida pública, Priam se hace pasar, en lo sucesivo, por el granuja de Leek, el criado, haciendo creer a todos que ha muerto el artista. No hay problema para hacer verosímil la suplantación, porque sólo tiene un pariente lejano y Priam ha vivido siempre, de hotel en hotel, fuera de Inglaterra. El problema que sí tiene Priam Farll es que es uno de los pintores más reputados de su país, nadie le conoce personalmente, pero sus cuadros le reputan como “el mayor pintor que ha habido después de Velázquez”... Semejante artefacto narrativo, un embrollo clásico, nunca pierde ritmo ni credibilidad y va conduciendo a un desenlace tan lógico como inesperado.


Enoch Arnold Bennett, el autor

Dos, el humor. El propio Arnold Bennett dice de su libro: «He empezado a leer “Enterrado en vida” y no puedo dejar de sonreír. Creo que jamás he leído un libro más divertido que éste». Y no es petulancia, resulta que tiene razón. Las reflexiones del autor se embarcan muy a menudo en un humor irónico, muy fino, muy sutil; en otras ocasiones, es ácido y sarcástico, pitorreándose con llamativa seriedad de la justicia inglesa, del arte, de los marchantes, de la vida moderna, de la gente influyente o poderosa... A mí me hubiera gustado burlarme, con esa aparente inocencia ecuánime, de todo lo que me parece ridículo.


Y tres, los personajes. Amén de una extensa corte de secundarios muy característicos, están el tímido e hipersensible Priam Farll, una de las mejores encarnaciones del temperamento artístico que asoma en una novela... Y Allice Challice, nunca me hubiera imaginado a las huríes regordetas, cincuentonas y llenas de cachazuda sensatez y sentido práctico: “Alice era la criatura más acogedora que había producido la evolución del universo.” leemos en un párrafo de la novela y a fe que el autor no exagera un ápice, vemos en la realista Alice su lealtad a Priam, su firmeza, su humildad y honestidad, las cuales a ti te pueden hacer sentir bien en todo momento, ¡y eso que considera que la ocupación artística es una bobada! pues leemos: “¡Como si no hubiera ya bastantes museos con cuadros! Cuando los que hay estén tan llenos que no se pueda ni entrar, entonces será el momento de construir más. He entrado dos veces en la National Gallery, y te juro que yo era la única persona que había allí. ¡Y eso que es gratis! La gente no necesita museos. Si los necesitara, iría a visitarlos. ¿Has visto alguna vez una taberna vacía, o los almacenes de Peter Robinson vacíos? ¡Y allí sí que se gasta uno el dinero! ¡Una tontería, eso es lo que yo digo!” Claro que Alice no podía saber que, cien años más tarde, los rebaños de turistas acudiríamos en tropel a corretear sin sustancia por los pasillos de estos mausoleos de las artes plásticas, que testimonian al mundo-supermercado actual algo que, en otro tiempo quizá, florecía y tenía algún significado (al menos uno que a Priam se le hacía muy presente).


Más cerca del autor

Leer este libro ha sido una experiencia, para mí, muy divertida, claro que la diversión es una cuestión muy subjetiva, hay quien no encuentra nada divertido leer, hay quien encontrará este libro muy superficial, o muy espeso, o muy de otra época, incluso habrá quien encuentre más divertido a Saramago, que ya es encontrar. Bueno sí, leer es encontrar y yo encontré a tiempo este libro casi perdido de un prolífico autor casi olvidado. Y me lo he pasado de fábula:
Leer no nos hace mejores, en particular y en lo referido a los últimos tiempos, contra más leo, más me encabrono. Pero clásicos como éste nos despiertan esa parte del espíritu lobotomizada por la vulgaridad, la insensatez, el gregarismo, la manipulación, la mediocridad y otros tuits.


Una versión española reciente

Dos citas más, hay centenares de perlas de la ironía como éstas, ocultas en el libro para hacerte sonreir:


“Un hombre gordo y sucio se aproximó a la entrada de la valla con aire meditabundo. Llevaba en la mano un rollo de planos, y el extremo de un lápiz largo y grueso en la boca. Era el hombre que interpretaba los sueños del arquitecto para que pudiera comprenderlos el soñoliento obrero británico. La experiencia de la vida lo había convertido en un ser un tanto brusco.” ... ...


“No tenía derecho a mostrar su mal humor en un banco completamente inocente, que pagaba un veinticinco por ciento de interés a sus accionistas y mil libras al año a cada uno de sus directores, y repartía después las migajas que quedaban entre los hombres que tenía encerrados en aquellas jaulas.” ... ...


Y así lo encuentran en las librerías inglesas.

domingo, 1 de octubre de 2017

Spanish Insanity

¡El “piro papero”! ¡Ponnos el “piro papero”!

Vaya, pues sí, esto es lo más parecido a un “éxito” que tuve en mi breve, intensa, esforzada y desacertada carrera de músico electrónico amateur. La mayoría de las personas a las que comentaba mi afición compositora daban en pensar que estaba mal de la cabeza, claro que yo contaba entonces la nada juvenil cifra de años próxima a la cincuentena y carecía de estudios musicales y de capacidad de sonrojo. Los amigos, ya se sabe cómo son, se burlaban amistosamente y, cuando intentaba enseñarles algún tema que había concluido con mi ordenador y su inseparable tarjeta de sonido Yamaha SW1000 XG me decían «¡El “piro papero”! ¡Ponnos el “piro papero”!»


Piro papero pipiro piro pá... o sea, "Spanish Insanity" para el mercado internacional, es un pasodoble bacaladero, festivo y pachanguero, desenvuelto y sarcástico, con el que pretendía, qué se yo lo que pretendía y, como lo sigo ignorando, hoy lo prostituyo alegremente para amenizar esta fecha tan triste, en la que siento un corte, un sonrojo y un embarazo que intentaré ahuyentar bailando (en la oscuridad).


La madre que nos parió a todos.


La que bailaba pasodobles en las verbenas prepostfranquistas, con su permanente y su dignidad, ahora por muchos motivos, inalcanzable.


Lo dicho, un pasodoble cañero y mordaz.



En el “widget” de la derecha, en Soundcloud, lo podrás escuchar mejor y durante más tiempo, mientras que el vídeo de YouTube es un poco premioso, fugaz e inoportuno. Y se oye peor.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Ajedrez Y Montaña. El Lago De Cregüeña

Con el señuelo de “Ajedrez y Montaña” se ha culminado el pasado mes de julio en Benasque el trigésimo séptimo campeonato de ajedrez en la localidad altoaragonesa.

Lo de la montaña es muy atractivo, claro, pero mis crecientes carencias físicas, me apartan de cualquier excursión seria y mis crecientes carencias mentales me apartan del ajedrez, así que no sé a qué voy, aunque lo cierto es que subo cada año.


Será por los amigos, supongo. Y de las, para mí, inauditas proezas de uno de ellos quiero escribir hoy. Se trata de un hombre algo mayor que yo, alto y espigado, cordial, friolero, industrial y catalán. Lo traigo aquí porque hace verídico el eslogan citado, “Ajedrez y Montaña”, en serio, pocos jugadores pueden compaginar las exigencias de un torneo cada vez más profesionalizado y saltar por los riscos, trepar por las laderas, cruzar las inmisericordes pedrizas, llegando a la hora de la partida enteros y competitivos. He de decir, para restarle un poco de mérito, que está en una envidiable forma física y así ya se puede.




Contaré, con el apoyo fotográfico que me remitió él mismo vía email, una de las últimas aventuras alpinas, rigurosamente fuera de mi alcance, a que se dio este hombre en una mañana de julio y que roza lo increíble.


Resumiré el itinerario y su reportaje para no alargarme como acostumbro.





Sale del hostal antes de que raye la aurora, va en su coche hasta el Plan de Senarta. Allí, con dos compañeros de fatigas, un pastelero de Jaca y una maestra de Sabiñánigo, cogen un autobús que les asciende por la pista que recorre el valle de Vallibierna, es un autobús todo terreno que, por el módico precio de 24 €, te encarama a donde se tocan el cielo y la tierra.




Y aquí es cuando empiezan a caminar, donde termina la pista, a mano derecha, un sendero umbrío y saltarín remonta un barranco hasta el ibonet de Coronas, un laguillo de delicia donde, años atrás, yo me quedé sin arriesgarme al descubrimiento de ulteriores maravillas.




Una desnuda ladera, durísima, conduce a los ibones de Coronas, que se alcanzan sin resuello y se dejan atrás, enfilando un collado a casi tres mil metros de altura.




Al asomarte, un ¡Ooh! muy grande, allí debajo, si apartas los pies, verás el extenso lago de Cregüeña, azul como los siete mares, a tu izquierda, como una pirámide en espera de faraón, el pico de Aragüells.




Mi amigo, consciente de sus limitaciones, dice, esperó en el collado a que sus compañeros subieran al Aragüells y regresaran, encargo que les llevó cosa de una hora.




Y ahora viene la parte que me admira porque nunca hubiera podido afrontarla, un descenso casi vertical hasta el poderoso Cregüeña, cuyas aguas hay que rodear, dejándolo siempre a la izquierda y caminando por una ladera poco amistosa.




Lo que queda, no por más fácil es menos engorroso, hay que bajar una incómoda pedriza que aporrea rodillas y tobillos, las piedras son grandes como autobuses, afiladas, inestables o traidoras.




Mucho después de que lamentes no ser una rana o un canguro, llegas a una praderita y un sendero se desploma entre árboles, pino negro preponderante, con la ruidosa corriente a la izquierda, hasta que súbitamente, flop, deposita a nuestros héroes ¿aniquilados de cansancio? en una pista, a media hora aún de donde, al punto de la mañana, dejaban el vehículo.



Esto para mí es como hablar de los viajes de Marco Polo, pero ellos ¡llegan a Benasque a la hora de comer!




Me lo cuenta mi amigo y le pido que me mande las fotos de la expedición, cosa que hace, no sin que le prometa que no contaré jamás su increíble periplo. Cosa que hago, porque ponerlo aquí, con la de lectores que fidelizo, es como haberme llevado el secreto a la tumba.




Las fotos son un poco pequeñas, pero es que me tenía que mandar muchas por correo electrónico. Si un eventual lector se quejase, le retaría a que tuviera los huevos de acometer semejante odisea y viera, de este modo, los maravillosos lugares en vivo y en directo. Por si acaso, le pongo el mapa de la ruta y le deseo suerte. La va a necesitar.



martes, 19 de septiembre de 2017

El Amigo Gay

Con esta entrada certifico que este, más modesto que molesto, blog alcanza su punto más bajo, no sólo en lo relativo a difusión, asunto que, a estas alturas es ya irrelevante, sino en lo tocante al mal gusto, lo casposo, lo políticamente incorrecto y lo infamante y vergonzoso en general.

Hoy voy a proponer un sencillo jeroglífico que se me ocurrió el otro día, mientras extraía el cerumen de mis conductos auditivos, poco antes de lanzarlo, haciendo pinza con los dedos, hacia la ventanilla de un Audi que ignoró el paso cebra que me disponía a atravesar y que ya tanteaba con mi bastón.


Es un jeroglífico, según creo, rigurosamente inédito, similar a los de mi admirado D. Pedro Ocón de Oro, a los que tan aficionado era de joven. Puedes intentar desentrañar la imagen para responder a la pregunta:


¿Qué te propuso tu amigo gay?




Pero, como dudo que seas capaz de dar con la clave, pondré en unos días la respuesta en los comentarios de la entrada.


Parece que me burle de identidades sexuales minoritarias, lo cual, dentro de varios meses, será delito si determinadas propuestas presentadas al Congreso prosperan. En pocos años sólo me podré cachondear de los heterosexuales masculinos, mayores de edad, de raza blanca, religión católica, lengua castellana, sin taras físicas o psíquicas y que acrediten una renta anual superior a diez mil euros...


O del Rey. Siempre nos quedará el Rey.



Este otro, de carácter mucho más "blanco"
no lo he visto nunca en ninguna parte.
Así que me lo atribuyo alegremente.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Elogio De Las Pinzas De Madera

El otro día, en el supermercado donde iba a proveerme de viandas sin gluten, refrescos sin azúcar, cerveza sin alcohol y aceitunas sin hueso, caí en la cuenta de que hace mucho, muchísimo tiempo que no veo pinzas de las de siempre, de madera; ya no las deben fabricar ni siquiera en los remotos países del tercer mundo, que tanto contribuyen a nuestro bienestar con la abundancia y baratura de sus manufacturas, ambas cualidades consecuencia de una elevadísima productividad, basada en salarios miserables y en la ausencia de sindicatos de clase o su absorción por regímenes sanamente despóticos.

El caso es que, ni aún así, no hay una oferta lo suficientemente barata de las pinzas de toda la vida, para que uno de nuestros cresos propietarios de cadenas de supermercados pueda ofrecer un paquete de 40 unidades a 0’99 € que sería lo suyo. Hay, en cambio, surtidos coloreados de atroces pinzas de plástico, objetos sin alma, sin gracia, carentes de otra utilidad que la de sujetar la ropa en el tendedor o mantener cerrado el paquete de fideos, de avellanas o de arroz a medio consumir, evitando  que semejantes menudencias se esparzan a su gusto por los armarios de la cocina, que se convertirían así en improvisados vertederos.


La materia primigenia

¿Y qué otra gracia, qué otra utilidad, qué otra bendición tenían las pinzas que usaban nuestras madres en sus extenuantes coladas de antaño?


Bueno, para empezar estaba el olor a lejía que acababa impregnando la madera de modo permanente: era un olor a limpio, a hogar purificado e higiénico, a infancia protegida por el aseo más expeditivo.


Taller de salvamanteles

Pero los niños de aquella época remota, desinfectada y feliz, no nos quedábamos allí. Con dos pinzas, desmontada una y hábilmente recolocada, obteníamos una pistola de resorte, bastante operativa, con la que arrojar garbanzos crudos a nuestros compañeros de clase cuando la profesora de gramática no miraba. Ella estaba de espaldas, escribiendo el sujeto y el predicado en la pizarra y nosotros elegíamos un sujeto al que darle con un garbanzo seco en la testuz. Esta pequeña arma no permitía afinar en exceso la puntería y acababas dándole en el morro a quien menos debías: al chivato de guardia, al mazas que luego durante el recreo te haría comer las adherencias de las suelas de sus zapatos o, peor aún, a la mismísima profesora que, en aquella época de violencia sin tapujos, podía obsequiarte con un sonoro cachete en el occipucio, para regocijo de tus colegas.


Pistola

En esta nostálgica revisión, me he dejado lo mejor para el final: estas económicas y ubicuas pinzas de madera eran una fuente inagotable de inspiración para trabajos manuales tan fáciles como resultones.


Mecedora

Mesas, sofás, sillas e incluso mecedoras de pinzas, marcos para espejos o para fotos, salvamanteles y todo aquello que la imaginación de tu profesora de manualidades fuera capaz de urdir. Sólo necesitabas las pinzas, cola o, mejor, pegamento Imedio, cuyo aroma extendía un manto de excitada alegría y de agitada laboriosidad por la clase, una sierra de marquetería para las manufacturas más elaboradas y paciencia, abundante paciencia. La recompensa consistía en poder obsequiar a tu madre, a tus tías solteras u otros familiares con churretosos presentes que acogían con gorjeos de complacencia y arrumbaban en los más olvidados y polvorientos estantes, hasta que te hacías mayor y te morías de vergüenza al ver tan desmañados zarrios.


Dulces sueños

Las pinzas de madera, objeto de estas punzadas de nostalgia, servían, por último, para taparte la nariz si tenías que transitar por una cloaca, un albañal o un parlamento regional, o cuando un ser querido se tiraba un pedo a tu vera. Las actuales de plástico no sirven para hacer de mascarilla improvisada, el resorte suele ir bastante duro y el plástico, con el sudor, resbala de la nariz.


Y de este modo termino la apología de estas reliquias, que son como los huesos de san Teobaldo, los que se usaban para el caldo.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Matemáticas Y Diversión 24 - ¿En Qué Puerta Está El Coche?

A comienzos de los 70, una frívola novedad irrumpió en las grises pantallas de los hogares celtibéricos: se trataba del recordado programa concurso televisivo “Un, dos, tres, Responda otra vez”. Su éxito fue sin duda rotundo y perdurable, hasta que, décadas después, la fórmula estaba tan gastada que se había convertido en la imitación de la copia del duplicado del remedo de una pantomima que aburría, no ya a las abuelitas, sino a la pelusa de sus rebecas de punto. Los medios acostumbran a exprimir la gallina de los huevos de oro hasta degradarla a caldo en cubitos.

Por eso hoy cuesta creer que, durante las primeras temporadas, unos doce millones de carpetovetónicos ávidos de diversión esperásemos a las vigilias de los lunes con auténtica voracidad.


.. ¿Se llevarán los concursantes esta noche el coche? El coche, el coche, el premio máximo, comparados con el cual el resto de los obsequios parecían de chichinabo. El programa, en sus inicios, en aquella España donde la abundancia no se había presentado todavía, tenía un relumbrón que nos apabullaba. Además era entretenido y gracioso, creo recordar unas azafatas ataviadas de un modo que la censura actual no permitiría, y el agrio desenfado de don Cicuta, que le aupó al puesto de malo predilecto de millones de españoles, puesto que conservó hasta la llegada de Darth Vader.


Pero como esto es conocido de todo el personal, volvamos al coche. Había tres puertas cerradas y tras una de ellas estaba el objeto del deseo de todos mis compatriotas, por aquel entonces un año íntegro de salario apenas alcanzaba para el modelo más modesto ¡y allí había quien lo ganaba en un momento! Bueno, no era tan sencillo, un as de los trileros, el presentador Kiko Ledgard, torturaba a la pareja concursante con ofertas e insinuaciones, sembrando en su ánimo vacilaciones y dudas.



Voy a proponer un problema para curtir a una eventual pareja de concursantes, en el incierto pero no del todo descartable caso de que el concurso se reencarne: imagina las tres puertas, tras una de ellas está el ansiado coche, un Nissan Daukuenta. Las otras dos puertas ocultan sendas calabazas (el regalo sin valor del programa se llamaba doña Ruperta y era una simpática calabaza que cantaba una canción con los títulos de entrada del concurso). Concéntrate. ¿Qué puerta eliges. Ésta. Vale.


Ahora el presentador, abre una puerta y ves con alivio que tras ella hay una calabaza. El muy ladino te dice si ahora deseas cambiar tu elección o quedarte con la puerta que ya has escogido. ¿Qué haces? Igual acertaste con la del coche, te cambias y luego te pegas un tiro.


El insidioso presentador sugiere arteramente que te ha enseñado una calabaza como la que oculta la puerta que tú te obstinas en elegir. ¿Qué haces? ¿Qué haces?


Ni lo dudes: cámbiate. Si te cambias tienes el doble de probabilidades de las que tenías en un principio de acertar.


Voy a tratar de explicártelo. Hay tres posibilidades de partida. El coche está tras la 1ª, la 2ª o la 3ª puerta, pero como tú no sabes cuál es, elegirás al azar una de las 3, la marcada con una “X” en las ilustraciones, lo que da 9 posibilidades, de las cuales 3 son favorables, tu probabilidad de éxito es 3/9 = 1/3, como ya sabías.


Ahora bien, ¿qué pasa si te abre una de las puertas que no has elegido, enseñándote una calabaza. Si te quedas como estabas, sigue siendo 3 de 9, o sea, 1/3. Con una “P” señalo la que te puede abrir el presentador.


Pero prueba a contar qué posibilidades tienes si te cambias de puerta ¡6 de 9! ¡El doble! 6/9 = 2/3 (he marcado con una P la puerta que muestra el presentador y con una C la que te correspondería al cambiarte, obviamente si tras las puertas que no has elegido hay sendas calabazas, da igual que te muestre una u otra).











Aquí hay que hacer dos precisiones de corte psicológico. Las 6 veces que te cambias y ganas, tenías una calabaza, cojonudo; pero las tres veces que te cambias y pierdes, tenías el coche, con lo cual necesitarás ayuda médica especializada para superar el trauma.


La otra consideración atañe a la malvada charlatanería del presentador. Si siempre usa el recurso de mostrar una puerta no premiada, has de cambiar tu elección con los ojos cerrados pero, ay, si lo USA sólo en ocasiones, podría ser una manera de hacer que te pases de listo, pues el sabrá que cambiando tu elección doblas tus probabilidades y, en este caso, sólo te lo propondría si ya hubieras elegido el coche, aunque si tú sabes eso, podrías vadear su trampa y entonces...


Ya ves, como problema probabilístico es muy sencillo: la posibilidad de acertar se duplica. Como problema relativo al comportamiento humano es... irresoluble, claro, nos hemos internado en el terreno del engaño y la incertidumbre.